2.07.2006

La sicología y yo…



Mi experiencia con los sicólogos ha sido realmente un caos. Cuando era niña, mi madre me llegó a llevar 2 o 3 veces… y realmente no se si sea igual con todos, pero a mi realmente me subestimaron… el típico “dibuja una niña y su historia” no funcionó por que en realidad dibuje una niña de lo más común y le inventé una historia de lo más común… en realidad no se que es lo que esperaban de mi, ¿que dibujara una niña fea y con una historia de lo más turbia, fuese o no verdad?
Las preguntas y pláticas con mis sicólogos eran de lo más absurdas, nunca llegaron a ganarse mi confianza y en mi presencia le decían a mi madre que no tenía ningún conflicto… incluso ya en secundaria llegaron a llevarme a una terapia de grupo semanal que era realmente de lo más patética… creo que sobre todo ahí fue cuando sentí de que me subestimaban… quizá no era que me creyera superior a los demás de la sesión de grupo, sino que en realidad yo no tenía nada que hacer ahí, no tenía absolutamente nada que ver con la gente que asistía a esas sesiones… Recuerdo que llegó un momento en que en lugar de ir a las sesiones prefería irme a otros lados…
Posteriormente mis sesiones con sicólogos se tornaban en meras luchas de egos… quizá no he tenido suerte al respecto…
Quizá una de las justificaciones al respecto es que no soporto que alguien se siente ante mí sin conocerme y usando la terapia como pretexto para juzgarme, trate de hacerme sentir como que estoy mal y que el (o ella) es superior y tiene el poder de mostrarme el camino para “estar bien” (cualquier cosa que ello signifique).
Si lo admito, es pedo de ego…
El año pasado estuve realmente muy tentada a ir con uno… pero quizá hubiera sido contra producente, ya que ello me hubiera deprimido más, ya que en el fondo lo sentiría como un ataque a mi autoestima, la cual en ese preciso momento estaba en muy mal estado (“lo que necesitamos en ese tipo de momentos no es simpatía, sino recuperar nuestro poder y anteponerlo a nuestras propias emociones”, totalmente ad hoc para aquel momento).
A raíz del último libro que leí (“el día que Nietzche lloró”) y la experiencia de dos conocidos que están en terapia, analicé la función que podría tener en mi vida un buen sicólogo…
No creo cargar con el cúmulo de traumas infantiles que se supone que varios sucesos traumáticos pueden provocar… digamos que ese tipo de cosas ya las superé, encontré el origen de algunos patrones de conducta, y dejé de cargarlos… no justifico a la gente que dice “ah es que soy así por que mis padres no me abrazaron mucho cuando era chico”, y siguen actuando de la misma manera pero ahora ya con justificación… eso se me hace de lo más absurdo, responsabilizar a otro por nuestro comportamiento y aun así seguir cargando con ello, es muy cómodo, pero implica una nula evolución de la persona, una gran cobardía y una inmensa incapacidad por responsabilizarse de uno mismo… así que después de chutarme algunos textos freudianos, frommiandos, nietzchianos y uno que otro oriental, me dejé de ese tipo de cosas… ahora si que me desmenucé, creo que hasta consideré vidas pasadas (fuese o no verdad la existencia de las mismas) me fui hasta el fondo y encontré raíces y demás para romper con ese tipo de círculos y dejar de cargar cosas que no me dejarían avanzar…
Y después de pensar sobre dicha función de un sicólogo en mi vida, considero que sería sobre todo el permitirle ser un guía de mis pensamientos, usando quizá la vieja técnica del deshollinamiento (creo que acabo de inventar una palabra jajaj).
Lo que necesito es dejar que fluya todo lo que pasa por mi cabeza, que salga, lo que me afecta negativamente y hace que repentinamente tenga reacciones caóticas es la fermentación de mis pensamientos.
Ha pasado que tengo un caos en la cabeza y de repente hablo y lo saco (así de caótico y estridente como está) y después de ello puedo respirar hondo y sentirme un tanto liberada… lo malo es que a veces esos momentos actúan como una olla de presión que estalla.
Por eso pienso que igual y no necesariamente tiene que ser un especialista, por que requeriría de un previo trabajo de confianza que podría durar mucho tiempo. A veces incluso el simple hecho de escribir lo que pasa por mi cabeza ayuda mucho… de hecho estoy retomando el siempre cargar con libreta y pluma, para que esta sea una manera de impedir que se fermenten los pensamientos y que se vayan acomodando sin enredarse confusamente.
Y quizá así logre un buen equilibrio entre mi mundo interior y el exterior… un fluir constante de dentro hacia fuera y viceversa…
Quizá por eso últimamente he vuelto a escribir más seguido en mi blog, porque le estoy encontrando un fin terapéutico jajaj así sale mas barato jajaja.
Algunas de las notas de la semana:
“Si, guardo un cúmulo de ira (¿quién no?), que esporádicamente emerge, por lo general lo hace en forma de ataque, de críticas, insultos y demás, hacia mi misma, pocas veces hacia el entorno o hacia los demás. Muy probablemente sea por que no soporto la idea de que algo ajeno a mi tenga la capacidad de provocarme ira y por lo tanto busco ser yo la raíz de esa ira”.
“Parece que es época de reencuentros. Me he reencontrado con el fluir de la pluma. Olvidaba lo necesario que era deshollinar en tinta el cúmulo de ideas y pensamientos que encerrados en mi mente pueden agobiarme, pero que volcados, vaciados, adquieren otro sentido, dejan que entren más sin que se fermenten junto con los que van quedando atrapados”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Contar con amigos que te acepten como eres, sin juzgarte, es casi igual de efectivo, aunque habemos algunos que preferimos la terapia ocupacional, como programar computadoras, la herrería o la albañilería.
Un abrazo!

Anónimo dijo...

esteee... ya tengo el blog otra vez :P